CHIMBORAZO

Aqui comienza la historia de uno de los viajes mas divertidos que hemos hecho a la vez que hermosos. El Chimborazo es la montaña más alta de nuestro país (6310 m.) y por lo tanto es un magnífico espectáculo natural que ningun visitante se puede perder.


Partimos un viernes como siempre, esta vez el grupo era diferente, estaba conformado en su mayoría por el clan de los Ekekos. Eramos: Cesar (El Ekeko), Christian, Joao de La Cuadra, Fabricio, El Moteto, y Edgar (El Tufo).

Una vez llegados a Riobamba, decidimos buscar hospedaje. Después de buscar por cerca de dos horas, se nos ocurrió la idea de tratar de conseguir el hotel mas barato que pudiesemos y dimos con uno que nos ofrecía una habitación con dos camas por la modesta cantidad de 6000 sucres por persona (menos de un dolar). El hotel se llama "Colonial" y queda frente a la Estación del Ferrocarril. Tiene baño general y leyendas en las paredes, pero en fin, queriamos algo diferente y no nos importaba la incomodidad.

El sábado amaneció un tanto despejado, así que creímos que sería un buen augurio y fuimos a una compañía especializada en hacer tours al Chimborazo. Allí nos informaron de todo y nos proporcionaron un vehiculo por la cantidad de 300.000 sucres. En realidad uno puede conseguir uno por un valor inferior, sin embargo es preferible conseguir un auto probado en la altura ya que no es nada agradable quedarse averiado a mas de 4000 metros.

Así que partimos al Chimborazo a eso de las 12 del mediodía. El viaje se nos paso volando, mientras contabamos chistes y tomabamos fotos por las ventanas del furgón. Creo que han de haber sido unas dos horas más o menos hasta que divisamos el monte más alto de nuestro país. Se veía hermoso, los glaciares reflejaban la luz del sol y nos regalaban un blanco azulado espectacular. A partir de alli no paramos de mirar por la ventana hasta que llegamos al primer refugio a 4800 metros de altura.

El refugio es acogedor, inclusive uno puede comprar recuerdos y cosillas para regalar. También venden aguas aromaticas, galletas y chocolates que son como el oro cuando uno se encuentra con los síntomas de la altura. En la parte exterior al refugio hay un monumento en homenaje a Simon Bolivar haciendo alusión a su ascención al Chimborazo y al ensayo que escribiera allí: "Mi delirio sobre el Chimborazo". Tambien uno puede observar un sinnúmero de lápidas esparcidas por el terreno, las cuales son dejadas alli por familiares de gente desaparecida en las nieves. Por lo general se trata de extranjeros que han tratado de escalar la montaña con pesimos resultados.

En fin, pasamos allí bebiendo un reconfortante café con galletas Ricas cerca de media hora, mientras intercambiabamos anécdotas con el guardián del refugio y un grupo de Colombianos.

Bueno, era hora de subir 200 metros más para llegar al segundo refugio, así que nos tomamos unas fotos con nuestros nuevos amigos y salimos.

Caminar esos 200 metros resulto ser una labor bastante dura. A esa altura resulta difícil cualquier esfuerzo fisico, inclusive reirse se torna un tanto complicado. La falta de oxígeno en el ambiente hace que el corazón se acelere en el afán de oxigenar más el cuerpo y de allí en adelante el cuadro se complica con nauseas y mareos. En fin, hay que ir preparados. Con un poco de esfuerzo llegamos al segundo refugio en aproximadamente 45 minutos. Una vez allí bastan pocos minutos para recobrar energías, claro esta con ayuda de una aguita de yerbas.

A partir del segundo refugio uno puede considerar que está escalando el Chimborazo, no es recomendable subir más sin compania de un guía experimentado, ya mucha gente se ha desaparecido en la montaña a causa del mal tiempo cuando sólo querían dar un paseo.

Si uno respeta estas reglas sencillas puede pasarla de maravilla. Y si el tiempo es bueno, es posible ver los bloques de hielo espectaculares que a principios de este siglo eran cortados y transportados a Riobamba para su venta y utilizados en la fabricacion de los famosos "helados de paila".

Despues de descanzar por más o menos media hora decidimos bajar. La bajada la hicimos en quince minutos, mientras contemplabamos la maravillosa vista que ofrecen los 5000 metros de altura a que nos encontrabamos y que nos permitían observar la cordillera desde un lugar privilegiado.

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